No basta con disponer de capacidad instalada ni con tener un marco normativo avanzado, es necesario que estas soluciones se incorporen de manera ordenada, estable y previsible a la política del agua
Hablar en estos momentos de situación crítica de los recursos hídricos puede parecer una paradoja cuando España entera sufre un tren de borrascas de nieve y lluvia que ha inundado comarcas de zonas tradicionalmente azotadas por la sequía de Andalucía, Cataluña y Levante. Pero quienes miramos a largo plazo sabemos que estamos a un día menos de que se produzca la siguiente sequía y que debemos prepararnos antes de que esta llegue.
Y lo sabemos porque la trayectoria hídrica de nuestro país nos hace ser conscientes de una certeza incómoda, que la sequía y la irregularidad de las lluvias han dejado de ser episodios excepcionales para convertirse en un rasgo estructural de nuestro clima. En este contexto, organizar la gestión del agua solo desde los recursos naturales es, sencillamente, insuficiente. Y, por ello, la desalación y la reutilización han dejado atrás la etiqueta de soluciones de emergencia para consolidarse como herramientas estratégicas que deben integrarse como recursos complementarios en el mix hídrico de nuestro país.




















Julen Cabero García


































































































































